Poner el barro en la mesa

Exposición de cerámica

Curaduría por:
Daniel Soto Morúa
Gregory Willis
Fiorella Resenterra

El barro, ese elemento eterno

El oficio de la cerámica es uno de los más antiguos y esenciales que ha inventado, utilizado y perfeccionado el ser humano. Data, prácticamente, desde que tenemos conciencia como raza, y de cuando se nos ocurrió tomar un elemento que nos ofrece la naturaleza y adaptarlo a nuestras necesidades.

Por ello, se puede entender como uno de los fundadores del diseño, pues fue creado para solventar lo que consideramos hoy una necesidad básica, mucho antes de que comprendiéramos los conceptos de “doméstico”, “artesanal” y “utilitario”. A partir del barro moldeado y cocido (y posteriormente decorado) logramos hacer jarras, ánforas, ollas y platos… utensilios primarios que permitieron desarrollar la cultura gastronómica, esa tan importante e identitaria que diferencia, enriquece y privilegia a una región; y que en la actualidad se puede entender también como una profesión estrechamente vinculada al diseño contemporáneo.

Si hiciéramos un recorrido historiográfico por los oficios y profesiones, la cerámica sería una superviviente ejemplar, pues no solo ha logrado mantenerse en pie, sino que no ha tenido la necesidad de evolucionar en algo más para continuar vigente. Es cierto que se ha favorecido de la tecnología; por ejemplo, el desarrollo de esmaltes más duraderos, hornos que facilitan y mejoran los procesos de cocción, técnicas de depuración del material primario, pero su esencia tal cual, sigue siendo la misma: tomamos el barro del suelo, lo moldeamos y lo convertimos en objetos que tienen la capacidad de durar miles de años, contar historias a través de su uso y volver a reintegrarse a la naturaleza cuando se quiebran y se convierten en desecho; su huella ambiental es amigable.

En Costa Rica no hemos gozado de una tradición cerámica tan compleja como la de China, Francia, Inglaterra, Chile, México o Perú -entre otros más-, pero sí tenemos una raíz muy fuerte desde épocas precolombinas que se mantiene viva y que, constantemente, ha crecido, se ha ramificado y continúa desarrollándose, aunque quizá, tímidamente. El oficio se ha mantenido gracias a la transmisión de saberes entre generaciones, en buena parte en las mismas familias y sobre todo, por mujeres; pues en nuestro país, durante mucho tiempo, los hombres se mantuvieron al margen de esta actividad.

En las últimas décadas la mayor producción se ha realizado en zonas rurales y semi rurales de fuerte tradición indígena, tales como Guatil de Santa Cruz y San Vicente de Nicoya (Guanacaste), Santa Ana (San José) y algunos otros lugares a lo largo y ancho del país.

La cerámica también ha llegado al Valle Central y, en esta exposición, se muestra una panorámica del quehacer actual, específicamente con objetos utilitarios vinculados a la gastronomía. Otro hito relevante, es que pone sobre la mesa el trabajo de ceramistas -en su mayoría mujeres- que intentan mantener viva la tradición pero le añaden elementos del diseño contemporáneo, tales como forma, color, función y concepto, que responden a necesidades diarias de nuestra sociedad actual.

Poner el barro sobre la mesa

La intención de esta exposición es -en el sentido más estricto del término- poner sobre la mesa piezas cerámicas contemporáneas que se están realizando en Costa Rica, vinculadas a la gastronomía y a otros accesorios de nuestras casas. Si volteamos la mirada hacia países como México y Perú, las vajillas y otros objetos que forman parte del comedor y la cocina no solo cumplen una función utilitaria, sino que son despliegue de la belleza, la excelente manufactura, la identidad cultural y el cariño y aprecio hacia las prácticas artesanales de un país.

¿En Costa Rica podríamos hacer lo mismo? Si observamos las salas de esta cantina tradicional, la respuesta es ¡Absolutamente sí! Durante décadas, hemos pensado y depurado nuestra tradición gastronómica, la cual hemos incorporado a la contemporaneidad; pero hemos dejado de lado, en parte, los objetos que acompañan estos platillos. Aunque, recientemente se pueden encontrar ejemplos de proyectos de ceramistas invitados por chefs para trabajar en conjunto en el diseño de piezas gastronómicas que hasta involucran diablitos y personajes de las mascaradas.

Es por eso que, en conjunto con más de una decena de ceramistas, decidimos hacer un despliegue de objetos que puedan brillar e inundar nuestros hogares, pero que a la vez respondan a necesidades propias de la gastronomía costarricense: platos para ceviche y pescado frito, platones para servir pejibayes, dips y queso crema; una colección de ollas soperas (sopa negra, olla de carne, caldos) que se pueden utilizar en cocinas de gas y vitrocerámica, no solo en fogones antiguos; fruteros para frutas de temporada; cafeteras y teteras para preparar infusiones de hierbas como manzanilla, juanilama, menta, lavanda y estragón; frascos y platones para pan; floreros para exhibir parte de nuestro jardín tropical, inmenso y exuberante… en fin, todos diseñados específicamente para dialogar, acompañar y complementar la comida que preparamos y consumimos a diario y que proviene de nuestro propio entorno.


Inauguración
Jueves 16 de marzo. 5 PM — 9 PM
17 - 18 de marzo. 10AM - 8 PM

19 de marzo. 10AM — 5 PM

Lugar
Altos del bar La Buenos Aires (Mapa)

Gregory James

Fotógrafo profesional y food stylist de La Tajadita. “Me gustan los colores y texturas que existen en la comida por eso he desarrollado mi vida profesional dentro de la gastronomía, así como los objetos aumentando y acentuando su belleza.”

Daniel Soto Morúa

Diseñador gráfico, museólogo y docente universitario. Ex curador del Museo de Arte y Diseño Contemporáneo, docente en el MBA de la Universidad Estatal a Distancia y gestor de proyectos museísticos y de diseño.

Fiorella Resenterra

Directora de gestión y curadora de la Semana del Diseño CR. Diseñadora, museógrafa y consultora de industrias creativas. Ex-directora del Museo de Arte y Diseño Contemporáneo y miembro fundador de la Cámara de diseñadores Pitaya.